Hace mucho tiempo, cuando la tierra era lo suficientemente vieja para engendrar seres que estaban más allá de su imaginación, la humanidad llego a la cúspide de su existencia.
Las personas en ese período eran ciudadanos de la tierra que no conocían, ni dios, ni ley, las familias se volvieron escasas, y el amor y la amistad intentaban sobrevivir en un lugar donde eran proscritos, nada existía mas que un mundo lleno de miedo y dolor. Aun así había quienes querían vivir.
En un intento desesperado por la supervivencia y control, cada ciudad y sector marco a sus habitantes con un número en la frente, para clasificarlos, analizarlos, atarlos al sistema y encarcelarlos a la regla máxima del orden. Pronto se darían cuenta que a decisiones desesperadas sucesos desesperados. Muchos quemaron las frentes de sus gentes sin piedad alguna, mancillaron los cuerpos y formaron el caos. Ninguno se dio cuenta que esto no tenía razón de ser, que todo aquello era tan absurdo como la caza de brujas medieval.
Al cabo de los años se volvió una costumbre casi olvidada por la mayoría de los pueblos, hasta que algo inesperado sucedió….
Muchos creyeron que fue un castigo divino por mancillar la mejor creación de dios, el hombre.- el narcisismo de aquel período no tenia limites.-; otros más cercanos a la ciencia creyeron que fue parte de la herencia genética -pobres ilusos-, muchas fueron las hipótesis y especulaciones pero nadie pudo nunca saber porque cada niño que nacía poseía en su frente un número marcado en carne, tal vez elegido por un ser lejano, algo que iba más allá de sus conocimientos.
El mundo cayó en pánico, el terror se adentro en los continentes más profundamente que antes ¿Cómo podríamos calcular la maldad y crueldad que se profesaba en aquella época? solo podríamos decir que el miedo los convirtió en bestias más salvajes que el mismo Satán.
Pero pronto tendrían un castigo mayor a cualquiera experimentado. Una sombra perversa se deslizo por lo océanos, subió por las montañas hasta que cubrió el cielo y baño la tierra con lagrimas negras llenas de nauseabunda oscuridad.
Controlados por su instinto de supervivencia, las personas dejaron de odiar, sus cuerpos temblorosos de miedo se detuvieron, sus cabezas se alzaron buscando donde refugiarse, a quien acercarse y de sus bocas surgieron palabras de angustia: ¿Por qué no puedo ver? ¿Quién apago la luz? ¿El sol se extinguió? ¿Hay alguien ahí? ¡¿Por favor alguien hábleme?!¡¿Denme una explicación de porqué no puedo ver?!
¡¿Estoy ciego?!
¡Estoy ciego!
Estoy ciego
Las personas se sumieron en la oscuridad, en un mundo negro y lúgubre, sombrío y aterrador. Con el paso del tiempo llegaron a comprender con mucho horror que la razón por la que no podían ver no era porque el sol se hubiera extinguido, ya que aun podían sentir su dulzura acariciando su piel, sino porque sus ojos se apagaron, de alguna forma dejaron de funcionar, dejaron de ser las ventanas de su alma y se nublaron para siempre.
Muchos cuentan y otros intentaron olvidar, que en sus sueños escucharon unas voces susurrantes, que con tono fresco dijeron: sus ojos les impedían ver realmente como era el mundo, estaban ciegos en la luz y no veían el amor, ahora sientan y disfruten del calor del que está a su lado.